La humanidad siempre ha anhelado descubrir todos los secretos del universo. Impregnarse de sabiduría sobre lo desconocido. Es justamente esa necesidad del conocimiento y la curiosidad los factores que impulsarán a Elisabeth, una joven chica que se matricula en la universidad más prestigiosa del mundo, Harvard, con el fin de sacarse la carrera de bellas artes, su pasión; en el descubrimiento de secretos profundos de los que podría depender ella misma.

Durante sus primeras horas de estancia, uno de los estudiantes de la Universidad, conocido como Justin Bieber, atrae toda su atención al notar cierto misterio en su interior; miles de secretos que ella desea descubrir y que harán que su vida recobre otro sentido.

¿Cuáles son los secretos que se ocultan detrás de Justin que tanto afectarán su vida? Cuando cree que lo mejor que puede hacer es huir de todo eso, ¿podrá, una vez sepa toda la verdad, ocultarse de ella y rehacer su vida o será demasiado tarde para dar marcha atrás y pretender que todo ha vuelto a la normalidad?

martes, 16 de julio de 2013

Prólogo

   Después de cerrar la puerta con un golpe, la sentó en una de las muchas sillas de la habitación, que crujió cuando dejó caer todo su peso sobre ella. 
   Él apretaba sus hombros con tanto ahínco que estaba casi segura de que al día siguiente tendría algún moretón en aquella zona, pero aquel no era su mayor problema en ese momento. 
   –Cierra los ojos –susurró en su oído haciéndole sentir un escalofrío que recorrió completamente su columna vertebral, lo más parecido a una descarga eléctrica que había experimentado en su vida, como siempre ocurría cada vez que sentía su tacto sobre su piel, o incluso cuando él se encontraba cerca de ella sucedía–.
   –Ya lo he hecho –aseguró ella con el mismo tono de voz que él había usado–.
   –Bien. ¿Qué ves, ahora?
   ¿Qué podía ver con los ojos cerrados y las manos de él cubriéndoselos para asegurarse de que ni un rayo de luz, por el más mínimo que fuera, se colaba entre sus pestañas? Le parecía la pregunta más estúpida que le habían formulado jamás. Claro que, viniendo de alguien como él, nada se podía intuir, ni siquiera lo más evidente.
   –Hmm...¿Nada? –contestó con total inseguridad de qué era lo que él quería oír.
   –¿Estás segura? –su voz era serena, más de lo que debería estarlo en la situación en la que se hallaban, lo que la desconcertaba todavía más. Pero el siempre le hacía sentir tranquila, como si estuviese en la orilla del mar, observando las olas colisionar contra sus pies y fundirse con la arena, borrando así las posibles huellas de ésta. Esa era la sensación que él le transmitía cada vez que estaba cerca de ella. Era el único que conseguía alejar los problemas de su mente por un mínimo segundo, aunque fuera.
   –Sí...creo que... –de repente, al fondo de esa inmensa oscuridad de las cuencas de sus ojos que visionaba, había una figura reluciente que parecía tocar un instrumento enorme. Sí, era un piano. Una uniforme partitura se creó en su cabeza, imaginando cuál debía de ser la melodía que sonaba. La cual resultaba tranquilizadora, casi sacada de una ensoñación, y no tardó mucho en darse cuenta de por qué acababa de soñar despierta– ¿Lo estás volviendo a hacer?
   Él rió levemente, entusiasmado de estar consiguiendo su objetivo aún con los nervios disparados, cosa que en sus muchos años de prácticas le había resultado totalmente inalcanzable.
   –No hables, relájate, ¿de acuerdo? –le suplicó aflojando el agarre sobre sus hombros.
   –De acuerdo, pero… –trató de protestar.
   –Calla, te lo ruego. No hay tiempo.
   –¿Tiempo para qué?
   –Para evitar que mueras.
   Un estruendo que sonó a madera rompiéndose irrumpió en la sala. Ya estaban aquí.

1 comentario:

sandra dijo...

JAJAJAJ jolinnn que prologo tan raro y misterioso jajaa
voy a seguir leyendo .... jajaj